Los expertos recuerdan que son especies protegidas y
recomiendan no agredirlas ni matarlas para no desequilibrar el ecosistema
 |
Coronella girondica en el camí del castell
|
Los ofidios aumentan su actividad con la llegada del buen
tiempo, por lo que aumenta la frecuencia de sus encuentros con humanos. Aunque
a muchas personas les asusten las serpientes, este miedo carece de fundamento
ya que en la Comunitat Valenciana la mayor parte de las serpientes son
culebras, inofensivas, y solo la víbora hocicuda, una especie que rara vez se
ve, es peligrosa.
Adrià Calatayud | Valencia Quienes las han estudiado más
aprecian su papel en los ecosistemas y la plasticidad de su sinuoso movimiento.
Pero lo más común es que al ver una serpiente, la reacción de cualquier persona
oscile entre el miedo y el pánico. En verano aumenta la frecuencia de los
encuentros de los ofidios con humanos y, aunque la experiencia puede ser
traumática para ambos, la serpiente tiene más posibilidades de llevarse la peor
parte. Porque el miedo visceral que las serpientes despiertan en mucha gente
carece de fundamento y, en ciertas ocasiones, provoca la muerte del animal a
manos de la persona. En realidad, recuerdan los expertos, no hay demasiado
motivo para preocuparse. La mayor parte de las serpientes que habitan en la
Comunitat Valenciana son culebras, inofensivas, y sólo el veneno de la víbora
hocicuda (Vipera latastei), una especie que rara vez se ve, puede causar algún
peligro.
El técnico de la Conselleria de Infraestructuras, Territorio
y Medio Ambiente Nacho Lacomba explica a Levante-EMV que el miedo a las
serpientes «tiene más que ver con la fantasía que con la realidad». Por su
parte, el profesor de la Universitat de València (UV) e investigador del
Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biologia Evolutiva Enrique Font las
define como animales «tímidos». De hecho, Font asegura
que «cuando se encuentran un humano y una serpiente, si se pudiera medir el
susto, seguro que es mayor el de la serpiente, incluso comparado con el de la
persona más histérica del mundo».
La culebra de escalera (Rhinechis scalaris), la culebra bastarda (Malpolon
monspessulanus) „que puede llegar a superar los dos metros de longitud„ la
culebra de collar (Natrix natrix) o la culebra de agua (Natrix maura) son
algunas de las variedades más comunes en la Comunitat Valenciana. Se refugian
en agujeros, entre piedras, en oquedades de árboles o incluso entre restos de
maderas viejas en fábricas o desvanes. En su dieta se incluyen otros reptiles,
pequeños mamíferos como los ratones de campo o pollos
de aves, pero no personas.
Más actividad en verano
Pese a que no llegan a hibernar, su actividad se reduce en los meses más fríos
del invierno, durante los cuales permanecen escondidas la mayor parte del
tiempo. Con la llegada del buen tiempo en primavera y verano, reactivan su
ritmo vital, por eso es más habitual encontrárselas en estas fechas. Este
fenómeno, señala Enrique Font, se debe a que los reptiles son ectotermos, es
decir, su cuerpo no puede generar calor (a diferencia de los mamíferos), sino
que lo absorbe del exterior, del sol principalmente. El profesor de la UV
asegura que la creencia popular de que los reptiles tienen la sangre fría es
errónea. «No es que tengan la sangre fría, es que no generan calor
metabólicamente, porque pueden llegar a tener la sangre más caliente que
nosotros. En este sentido, son animales muy económicos, casi todo lo que
ingieren lo dedican a su crecimiento», amplía Font.
«Al ver una serpiente, lo normal es que ella huya y lo mejor
es no molestarla y menos maltratarla», insiste Lacomba. Font reconoce que en
algunos países hay que andar con cuidado con las serpientes, «pero en Europa
no, en España, menos y en la Comunitat Valenciana, menos aún».
Las picaduras de serpientes, que en todo caso sí se producen
(sobre todo en verano) son el resultado de un despiste (sentarse encima de una
sin darse cuenta) o de una acción temeraria (sólo atacan cuando se ven
amenazadas). En la mayor parte de los casos, sus consecuencias no van más allá
del susto. Sólo con las mordeduras de la víbora hocicuda hay que ir rápidamente
a un hospital. En el resto de casos, Lacomba recomienda lavar la zona afectada
y, si se hincha o se enrojece, acudir a un centro sanitario ya que, al ser
animales silvestres, pueden tener gérmenes en los colmillos.
Especies protegidas
El técnico de la conselleria lamenta que algunos conductores intenten
atropellar a las serpientes al verlas por la carretera o que ciertos
agricultores se congratulen por matar con la azada a las que ven en el campo,
algo que atribuye a que son animales «muy mal vistos».
Para Lacomba, «deben respetarse» las serpientes porque «cualquier forma de vida
tiene valor en sí misma» y así se protege la biodiversidad. Font también destaca
el papel de las serpientes en el control de determinadas plagas. Además, tanto
Lacomba como Font recuerdan que las serpientes están protegidas por ley.